Armas Pequeñas y Livianas

    Una Amenaza a la Seguridad Hemisférica

 
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     Proyecto América Latina ante la segunda administración Bush  |  Contáctenos                                                                                 Febrero 2007 Año II, No. SEIS

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 Entrevistas:
  Dra. María Isabel Gutiérrez
  Sr. Gerardo Cordero Aviles
  Sr. Anton Carmen
  Sra. Amparo Mantilla
  Sra. Carmen Rosa de León
  Dr. Ruben César Fernandes
  Dr. Luis Alberto Cordero
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Referéndum de armas en Brasil: la consulta se convirtió en voto protesta contra el gobierno de Lula.

Es necesario estrechar el tema del control de las armas con la promoción de la seguridad pública y sus instituciones


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El Director Ejecutivo de la Fundación Brasileña Viva Río, Dr. Rubem César Fernandes, comparte con el equipo de FLACSO Secretaría General sus impresiones sobre el resultado y expectativas a futuro luego del referéndum realizado en ese país sobre la prohibición del comercio de armas de fuego y municiones.

Los resultados del Plebiscito. ¿Por qué se obtuvo un resultado donde dos de cada tres brasileños que votó dijo no en el referéndum sobre armas?

El resultado obtenido fue una sorpresa para todos. La opinión general antes de la campaña mediática nos daba una expectativa bastante optimista y eso era respaldado por los formadores de opinión, los especialistas en publicidad e inclusive por el equipo de publicidad de quienes realizaron la campaña en favor del no. Definitivamente algo excepcional ocurrió durante los días que estuvo al aire la campaña, porque en un período de sólo veinte días que antecedió la celebración del referéndum y con un despliegue mediático de alta intensidad, la opinión de la ciudadanía cambió radicalmente.

Los primeros estudios de opinión que se realizaron una vez que el referéndum fue aprobado por el Congreso Nacional a inicios de julio del 2005, junto a otras tres pesquisas nacionales realizadas por tres institutos reconocidos, coincidían en que el 80% de la ciudadanía respaldaba el Sí al control y a eliminar la comercialización de las armas, un 16% apoyaba el No, mientras que entre un 2% y un 4% se mostraban indecisos. Parte de la opinión favorable de la población a la opción por el desarme, se desprende de una campaña progresiva que se tiene su inicio a finales de la década de los noventa e inicios del 2000, en la que se realizaron muchos avances en el campo, como la aprobación de un estatuto de desarme, el establecimiento de un nuevo marco legal que restringiera la información y venta de armas, así como legislación bastante compleja sobre el control de la circulación de armas de fuego, entre otras.

El primer año de Lula a la cabeza del gobierno fue un momento en el que se construían esperanzas nacionales alrededor del nuevo mandato. En este contexto el Congreso Nacional decidió, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo político sobre la legislación necesaria en materia de venta y comercialización de armas y municiones, convocar a un proceso de consulta nacional para resolver el asunto. Había una predisposición generalizada en la población en contra de las armas, que se fundamentaba en la idea de que la violencia y las armas tienen una asociación directa. 

Así, la idea de trasladar a consulta nacional un asunto tan polémico como el de las armas impactó a muchos sectores del país. La población nunca había sido consultada para que respondiera y resolviera sobre asuntos públicos ni tampoco estaba preparada para que de repente se le indagara sobre si deseaban tener armas, sobre la seguridad y sobre la vida. Esta decisión sorprendió a muchísima gente y al principio nadie comprendía lo que ocurría, ni se lograba dimensionar el impacto que conllevaba únicamente la posibilidad de preguntar a la gente sobre asuntos de este tipo. 

En lo que respecta propiamente a la campaña mediática, que se extendió desde el 1º hasta el 20 de octubre, cada una de las partes tenía como 10 minutos diarios para participar en programas, 20 minutos de inserciones de 30 segundos en prensa radial y televisiva. Durante este periodo pudimos ver cómo, una vez realizada la pregunta a la población, ésta penetró la vida del país de manera sin precedentes. La gente lo discutía en la casa, con los amigos y en todos los espacios creció de tal manera que al fin de la tercera semana, la discusión se empezó a dar de una manera pasional. Nosotros identificamos un viraje evidente de la opinión del Sí hacia el No. Eso lo pudimos medir mediante un tracking diario que realizábamos a telefónicamente a una muestra aleatoria y representativa de la población nacional, y constatamos la tendencia de que día a día la gente migraba del Sí al No.

Así que la pregunta de por qué ocurrió este cambio aún nos la estamos formulando. Si bien aún hay muchas dudas al respecto, tenemos claro que quienes estaban en contra de la prohibición, lograron canalizar la insatisfacción que tiene la población con las instituciones públicas, las promesas políticas y las expectativas de bienestar futuro, hacia la discusión sobre la prohibición, de manera que ésta se vio contaminada. El 30 de setiembre la agenda pública del país se centraba en la crisis del gobierno de Lula por las acusaciones de corrupción realizadas a funcionarios de la administración, lo cual, si bien no tiene nada que ver con el tema de las armas, impactó la discusión y la consulta se convirtió en medio para expresar la desconfianza y el rechazo hacia las promesas incapaces de cumplir. El referéndum se convirtió en un voto protesta muy fuerte.

¿Protesta contra qué? ¿Cómo lo podría explicar?

Contra la incapacidad de las instituciones públicas de garantizar un mínimo de seguridad para la gente. La campaña del No basó su discurso precisamente en la confianza y en la seguridad. Básicamente argumentaban que si el Estado no garantiza seguridad pública, al menos la tenencia de armas sí permite a las personas, de manera individual, protegerse de manifestaciones de violencia. En este sentido, la campaña en favor de la prohibición fue inteligente en la medida en que no defendía las armas, sino que se basó en la inexistencia de garantía de seguridad ofrecida por el Estado. 

La cuestión de la seguridad y la falta de confianza en el gobierno, en la policía y en todo lo que sea vida pública oficial, generó la impresión de que es necesario que se tenga un arma. Lo particular del caso es que no fue una apología del arma como sí ocurre con las campañas que tienen lugar en los Estados Unidos, donde se asocia el arma al individuo libertario. En Brasil más bien se dio un rechazo de la cosa pública por la incapacidad de aportar soluciones a los problemas más inmediatos de la población.

Por otra parte, el Sí de alguna manera suponía que es posible pensar en el futuro. Pienso que este punto de vista pesó de manera importante en la decisión. Quienes apoyaban el No decían no y punto. La gente que apostaba por el Sí, lo hacía por una esperanza de terminar con el comercio de armas y eso representa un primer paso. Construir acciones en esta línea, requiere de un proceso que le otorgue mayor confianza a las instituciones y a los espacios públicos democráticos como medida para canalizar el malestar de la población por la carencia de vida pública en su rutina diaria. 

A diez días de haberse celebrado el referéndum ¿Qué lecciones se desprenden de este proceso, tanto para quienes abogan por eliminar el comercio de armas como para aquellos que pretenden una mejorar el control estatal de la violencia y la seguridad pública?

Para desarrollar una campaña tan corta, de sólo veinte días, hay que organizarse muy bien, y personalmente creo que cometimos algunos errores de preparación que resultaron fatales. Por supuesto que es difícil afirmar que el resultado habría sido distinto si hubiéramos hecho un mejor trabajo.

Entonces, la primera lección imperdonable es haber enfrentado el referéndum como si fuese una campaña de por vida, prolongada en el tiempo, de sensibilización. Estoy convencido que una campaña de sólo veinte días es un evento absolutamente mediático y hay que abordarlo en ese ámbito. Nosotros no fuimos capaces de hacerlo, mientras que la gente del No fue muy profesional ese sentido. Nosotros fuimos más bien tradicionales y mantuvimos las acciones a nivel de movimientos sociales, que simplemente fueron ahogados por la onda producida por los medios.

Una lección para todos es que la seguridad es un asunto de prioridad nacional. Hasta ahora ninguna de las grandes discusiones nacionales ha tratado este asunto como eje de articulación político. Considerando que el próximo año será electoral, yo creo que este tema deberá ocupar un lugar de primer orden en la agenda y será una oportunidad para recuperar el mensaje tan fuerte que la ciudadanía expresó en el referéndum. Esta consulta fue capaz de encender discusiones, opiniones, ideas y movilizar a la gente de una forma impresionante. Entonces como lección importante, hay que señalar que es necesario estrechar el tema del control de las armas con la promoción de la seguridad pública y sus instituciones, porque se ha revelado una agenda de trabajo que no se agotará el próximo año, sino que la tendremos al menos por la próxima década.

En este contexto ¿Qué tareas se desprenden y cuáles condiciones cambian a mediano plazo para organizaciones como Viva Río y otras que apoyan esta perspectiva?

En este momento nos encontramos en un proceso de evaluación interna de lo acontecido, sin embargo, para mí es muy clara la importancia de hacer un puente desde la agenda de desarrollo e inclusión social, y la agenda estrictamente de seguridad pública. Asimismo, hay que engarzar tareas urgentes como la creación de ligámenes con la policía en particular y con instancias a nivel federal, con el propósito de abrir canales de comunicación para ganar espacios dentro de las instituciones de seguridad pública. 

En este sentido, es interesante resaltar que la campaña del Sí logró avanzar en esa dirección mediante un manifiesto en el que operadores de seguridad pública, comandantes, oficiales, jefes de policía y secretarios de seguridad, provenientes de más de veinte estados brasileños, respaldaron nuestra opción de manera decidida. Creo que este hecho apoya la tesis de que efectivamente hay un vínculo importante entre el control de armas y la seguridad pública, donde la policía tiene un rol específico en su promoción. Enfatizo en que este ligamen nos coloca frente a una agenda, en la que lo principal es encontrar policías, militares, políticos e intelectuales, que coadyuven en la apertura de espacios que permitan la creación de una agenda de la seguridad pública que se constipa en espacio democrático de elaboración de políticas.  

En lo particular, me gustaría muchísimo que pudiéramos avanzar para el próximo año en la estructuración de esta agenda, que la veo más como una iniciativa a nivel latinoamericano que nacional, dado que existen experiencias interesantes en distintos países de la región, y es importante que la gente que está haciendo esto se conozca mutuamente y se forme una masa critica de ideas y de legitimidad para crecer en ese tema. 

Así como los militares fueron actores clave como conductores de un proceso de modernización autoritaria durante los años setentas, creo que hoy día los policiales están en el centro de un proceso de consolidación democrática, ya que si no hay seguridad pública, se reducen los espacios para una participación ciudadana real. Quizá en esta dirección se encuentre nuestra principal tarea para los próximos años. 

Viva Río, junto con autoridades políticas como el Alcalde de Sao Pablo, ha promocionado una importante campaña de desarme. ¿Considera que esta iniciativa va a seguir después del resultado del referéndum o piensa que no hay condiciones para continuar impulsándola?

La campaña de entrega voluntaria de armas tuvo un periodo legal que incluyó una amnistía que incentivaba la entrega de armas. La gente podía entregar sus armas sin preguntas y ese proceso finalizó legalmente el 23 de octubre del 2005 con el referéndum, pero es claro que hay un segmento muy grande de gente que todavía quiere entregar su arma, porque no se siente segura con ellas y están convencidos de la idea de que las armas constituyen una fuente de problemas más que una garantía de seguridad personal. Así que vamos a proponer al Ministerio de Justicia la posibilidad de que esta medida nacional continúe, como una opción permanente para que él que quiera entregar su arma, lo haga y sin preguntas, y si es posible, con estímulo material.

Esto es cada vez más necesario, toda vez que nuestras investigaciones han demostrado la existencia de un tránsito permanente entre las armas que se compran legalmente y las que circulan en el mercado ilegal criminal. Para nosotros está claro que una de las principales vetas de acción es avanzar hacia la reducción permanente de los espacios de circulación de armas en la sociedad, a través de campañas sostenidas a lo largo de tiempo, y no mediante iniciativas desarrolladas por periodos determinados. 

 
 

Las ideas y opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan las ideas y opiniones de FLACSO ni de los organismos involucrados en el Programa América Latina y los Estados Unidos: Cooperación para el Control y la Prevención en el Uso de la Fuerza y sus dos proyectos  

 

 

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