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El Director Ejecutivo de la Fundación Arias para la Paz, Dr. Luis Alberto Cordero, experto en temas de seguridad y política internacional, comparte con nosotros algunas reflexiones sobre la situación de las armas pequeñas y livianas en América, los principales ejes de debate, los actores involucrados y los temas conexos que revelan la importancia y lanzan pistas de la complejidad del control de armamentos en la región.
¿En qué consiste la problemática de las armas pequeñas y livianas? Cuando hablamos de armas pequeñas y livianas ¿De qué estamos hablando?
En primera instancia, es necesario aclarar que cuando se trata el tema de las armas pequeñas y livianas, básicamente hay que hacer referencia a dos grandes vertientes: por un lado, la falta de control del comercio tanto legal como ilícito y por otro la alimentación que se hace de la percepción ciudadana de su inseguridad.
En el primer caso, el más grave, cuando hablamos de armas pequeñas y livianas, es necesario señalar que los Estados no han sido capaces de dotarse así mismos de un marco regulatorio suficientemente efectivo para ejercer, sin menos cabo de otros derechos constitucionales como la libertad de comercio, un control mucho más eficaz, sobre todo en el expendio, portación y tenencia de armas y municiones. Nuestros países se han convertido en verdaderos paraísos de la oferta de armas pequeñas y livianas donde, sumado al otro componente de percepción de inseguridad desbordada que demanda cada vez más sistemas de protección, se favorece la adquisición de armas pequeñas para la protección de bienes y personas.
De igual manera, esta situación desnuda nuevamente la incapacidad de los Estados, al menos en el caso centroamericano, de ejercer mayor control sobre los usuarios finales de ese armamento. Las regulaciones en materia de venta de municiones son prácticamente inexistentes, y en los pocos casos en los que está contemplada en la legislación, no se cumple por falta de voluntad política de los Estados o carencia de recursos materiales. Sin embargo, mi presunción es que esto obedece a la combinación de los ambos escenarios, lo que finalmente propicia un terreno fértil para que la asociación entre oferta y demanda de armas y municiones, rinda resultados fructíferos y afecte positivamente la proliferación en el expendio y adquisición.
Si a esto sumamos el hecho de que la mayoría de armas de fuego que circulan en el mercado ilícito, pasaron primeramente por el comercio legítimo, está de más decir que esa carencia material o de voluntad política facilita que muchas de ellas terminen en mercados paralelos, donde el control es menos efectivo o inexistente. Adicionalmente, al considerar que los decomisos de armas que realizan las fuerzas de policía en Centroamérica son mínimos frente al posible circulante que debe existir, se revela una incidencia directa entre el comercio ilegal de armas y el trabajo de la criminalidad organizada que, con la espontaneidad e intensidad de sus delitos, finalmente contribuyen a incrementar los niveles de violencia.
¿Esta situación que describe tiene lugar sólo al caso centroamericano o puede ser extrapolada al resto del hemisferio?
Yo pienso que no se deben presentar muchas diferencias. Desafortunadamente, imagino que se debe repetir el mismo patrón en el que existen regulaciones, con alcances legislativos muy satisfactorios, pero con una capacidad de cumplimiento muy limitada e insuficiente. La delincuencia siempre ha estado presente en nuestros países, pero si ahora ésta revela conexiones con el crimen organizado, el tráfico de personas y el robo de vehículos, por qué no habría de estar el trasiego de armas de fuego vinculado con estas operaciones.
Pienso que en el tanto los Estado latinoamericanos no han sido capaces de satisfacer, entre otras demandas, la de la seguridad de la ciudadanía, posiblemente esa expresión de demanda y oferta estará presente en todos los países. La prueba de esto es la aparición de los servicios de seguridad privada, en comercios, viviendas y calles, mayoritariamente donde antes se observaban oficiales de policía o fuerzas armadas en funciones de vigilancia.
Esta situación da cuenta de que los índices de delincuencia y criminalidad se han disparado, lo mismo que la contratación de servicios de seguridad y esto acarrea más demanda y más presión sobre la importación de armamento. Yo insisto que un mayor control, tanto en armas pequeñas como en sus municiones, facilitaría y haría más efectivo el control del gran circulante de adorno.
¿Cuál ha sido en la práctica el grado de avance realizado por los Estados del hemisferio para prevenir la proliferación de armas y hacia qué dirección se han avanzado?
Existen algunos instrumentos internacionales en el marco de la OEA, como la Convención Interamericana para el Control de Armas y Municiones y el Programa de Acción de Naciones Unidas lanzado en el 2001. Sin embargo, pienso que el problema no radica en el marco normativo. Seguramente, en muchos casos el marco normativo es el idóneo, pero carece de condiciones para su cabal aplicación. Pareciera, que no existe la suficiente voluntad porque son demasiados los intereses que rodean el comercio de armas y que lo convierten en uno de los negocios más lucrativos y perversos del mundo.
Por otra parte, cuando reconocemos en los países del continente una vocación poco democrática - que pasaron prácticamente tres cuartas partes del siglo pasado con la mayoría e sus gobiernos autoritarios – reflejada en 1970 en un ranking sobre condiciones democráticas reales, únicamente habían dos o tres países que cumplían con esos indicadores. En nuestras almas hay una vocación extraordinariamente marcada hacia el uso de la fuerza y por eso vemos países que se dan el lujo de tener fuerza armada, marina y el ejército. Entonces, la tenencia de armas y la falta de control sobre las mismas, también encuentran lugar en una cultura muy proclive a hacer esas demostraciones de fuerza y poderío, y no solo tener poder en defenderse, sino en poder atacar.
En este contexto que nos señala ¿Cuál debe ser el rol de las ONG’s en materia de control de armas?
El de vigilancia, denuncia y cabildeo entre tomadores de decisión. Somos el actor llamado a asumir un lobby muy dinámico, dada la ambigüedad y retórica de los Gobiernos. En 1997 el Dr. Óscar Arias Sánchez, fundador esta organización, impulsó un código de conducta para regular el uso de las armas, el cual en la actualidad agrupa a un centenar de ONG’s alrededor del mundo y que ya posee la forma de tratado desde el punto de vista del derecho internacional, para regular la transferencia de armas.
Esta es una iniciativa de las ONG’s y sigue siendo impulsada por ellas, teniendo claro que si en el futuro llega a concretarse, será el resultado del consenso de los Estados. Para nuestra Fundación es muy importante lograr que en la reunión de revisión del Plan de Acción de Naciones Unidas, a celebrarse en julio del 2006, se adopte una resolución que permita integrar un grupo de trabajo encaminado a producir un borrador de un tratado sobre transferencia y comercio de armas que termine siendo de acatamiento obligatorio, de igual forma como se hizo en su momento con la prohibición de minas antipersonales y otros instrumentos para la regulación de armas.
El impulso de este tipo de iniciativas es de las ONG’s. Este tipo de acciones no vienen ni de los países fabricantes ni de líderes individualmente considerados. Por eso nos sorprendió gratamente que en el mes de marzo 2005, el Reino Unidos, gran fabricante de armas y miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, anunciara el apoyo a la creación de un instrumento de carácter vinculante encaminado a regular las transferencias de armas.
Próximamente se celebrará en Brasil el referéndum sobre armas en el que la población tendrá que decir SI o NO a la propuesta de prohibir la venta de armas. Considerando las dimensiones de este país y su rol de productor de armas ¿Cuáles serían los eventuales escenarios en materia de control de armas y seguridad para Brasil y Latinoamérica
La consulta en Brasil se trata de una consulta importantísima por tratarse de casi un continente en sí mismo, por su enorme extensión, por su propio estado federal y por tratarse de un país productor de armas. Especular sobre cuál pueda ser la reacción si la respuesta es favorable a la prohibición es difícil. Inicialmente, yo pensaría que este resultado animaría a muchas otras ONG’s a presionar en sus respectivos países por consultas de igual naturaleza y eso podría sobrecargarlos ante la demanda de mejores servicios de seguridad a la ciudadanía, de resguardo de sus bienes y de la integridad física de los habitantes.
Si la decisión fuera negativa no debería descorazonarnos ni a gobiernos interesados ni a ONG’s para intentar consultas semejantes. Lo importante es que la gente adquiera conciencia de se que enfrenta un problema de seguridad importantísimo que no se está resolviendo ni con el aumento de efectivos de seguridad, ni con la profesionalización o especialización de sus servicios, ni con esa falsa percepción de que armándose uno mismo, va a estar seguro de cualquier ataque a sus bienes, familia o integridad física. El problema es mucho más complejo que esto.
En el marco del CAFTA, el anexo 13.1 permite la producción y un mayor comercio de armas en Centroamérica, precisamente por la desgravación de este bien. ¿Qué implicaciones en términos de seguridad conllevaría el aumento inminente de la oferta de armas en el hemisferio?
Lo primero que hay que hacer es observar las estadísticas en cada país, para conocer en qué lugar es que la gente adquiere realmente las armas. Pienso que la disposición que contiene este acuerdo comercial en materia de facilitación y desgravación arancelaria para la importación de armamento, no tendría mayor incidencia en la forma en que se adquieren las armas en Centroamérica. Su obtención es tan sencillo que no creo que vaya a empeorar con la ratificación que ya hicieron los todos los demás países a excepción de Costa Rica.
Evidentemente, esa disposición nos genera algún grado de preocupación, por facilitar lo que ya de por sí es muy fácil - la adquisición de armamento ligero. No obstante, pienso que esto no va agravar lo que es ya grave, porque el que tiene recursos económicos y esta absolutamente convencido de que un arma lo va a proteger, la va a conseguir. En el aspecto que hay que centrar la atención es en el acceso y controles a las municiones. En la actualidad hasta los delincuentes van a las armerías a comprar municiones, dado que el mercado negro es básicamente de armas, además de que es poco lucrativo, por la carencia de controles en su venta legal.
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